martes, 2 de mayo de 2017

Jerome K. Jerome

Por mi parte, aquella mañana me levanté a las cinco, y eso fue bastante más temprano de lo que había propuesto, pues al irme a acostar  me había dicho a mí mismo: “Mañana me levantaré a las seis en punto.”
Yo conozco a personas que pueden despertarse a la hora exacta. Al poner la cabeza en la almohada se dicen a sí mismas: “A las cuatro y media”, “Cinco menos cuarto” o “Cinco y cuarto”, según sea el caso, y en el preciso instante en que el reloj da la hora se despiertan. Es algo maravilloso, y cuanto más se piensa en ello más misterioso resulta. Algún espíritu que llevamos dentro, y que posee gran autonomía, es capaz de pasarse el rato contando las horas mientras dormimos; sin la ayuda del sol, del reloj o de cualquier otro medio conocido por nuestros cinco sentidos, está en vigilante guardia en la oscuridad y, a la hora exacta, exclama: “Es la hora”, y nos despertamos. La ocupación de un antiguo amigo, que vivía junto al río, le obligaba a levantarse cada mañana media hora antes de la marea, y una vez me dijo que jamás había llegado a dormir ni un minuto más de lo necesario. Se acostaba rendido de cansancio y dormía sin soñar, y cada mañana, a una hora diferente, ese espectral vigilante le despertaba con la misma exactitud y silencio que la marea. ¿Acaso el espíritu de mi amigo recorría en la oscuridad los enfangados peldaños del río o conocía las leyes de la naturaleza? Fuese lo que fuese, la cuestión es que mi propio amigo lo ignoraba.
En mi caso, he de decir que mi vigilante interior está algo falto de práctica. Lo hace lo mejor que sabe y puede, pero padece de frenética intranquilidad, empieza a preocuparse y pierde la cuenta de las horas. Si yo le digo “a las cinco y media”, es seguro que me despierta, sobresaltado, a las dos y media. Miro el reloj y me insinúa que, quizá, he olvidado darle cuerda. Lo acerco al oído: funciona. Entonces creo que algo le ha ocurrido al reloj; tiene confianza en sí mismo y le consta que son las cinco y media, si no es un poco más tarde. Para complacerle, me pongo las zapatillas y bajo a ver el reloj del comedor. No hace falta explicar lo que le ocurre a un hombre cuando empieza a recorrer la casa, bajo el negro manto de la noche, ataviado con un batín y llevando zapatillas. La mayor parte de nosotros lo sabe por propia experiencia: todas la cosas, especialmente aquellas provistas de un extremo punzante, sienten un cobarde placer en pincharle a uno; cuando se lleva un par de fuertes zapatos, las cosas se apartan de nuestro camino, pero cuando uno se aventura entre los muebles con un par de zapatillas de lana y sin calcetines, se acercan atacando ferozmente. Me vuelvo a la cama de mal humor y, negándome a hacer caso a la absurda suposición de que todos los relojes de la casa han decidido conspirar en contra mía, tardo media hora en dormirme. De las cuatro a las cinco se dedica a despertarme cada diez minutos, y llego a arrepentirme de haberle dicho nada. A las cinco se queda dormido, rendido, y deja el asunto en manos de la criada, que lo lleva a cabo media hora más tarde que de costumbre.

(Jerome K. Jerome, Tres ingleses en Alemania)

Jerome Klapka Jerome (2 de mayo de 1859 – 14 de junio de 1927) fue un escritor y humorista inglés, conocido especialmente por su libro Tres hombres en un bote. También es autor de Tres ingleses en Alemania y Contado después de la cena.

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