domingo, 14 de mayo de 2017

13 de mayo - Fátima

Fatìma Tomaeva (1967) Artista rusa, titulada en la Accademia di Belle Arti, desde 1998 vive y trabaja en Italia, en el 2004 asistió a la escuela de iconografía.



Fátima Mernissi (Fez, 1940) se educó íntegramente en escuelas coránicas y habló solo árabe hasta los veinte años. Accedió a una licenciatura en Ciencias Políticas para luego ser becada por la Sorbona y, finalmente, obtener el doctorado en la Universidad de Brandeis. Hoy, es una de las voces más elocuentes del feminismo islámico y una autoridad mundial en estudios coránicos. Ha publicado en España los ensayos Marruecos a través de sus mujeres (Oriente y Mediterráneo, 1990) y Miedo a la modernidad: Islam y democracia (Oriente y Mediterráneo, 1992)

Nací en 1940 en un harén de Fez, ciudad marroquí del siglo IX, cinco mil kilómetros al oeste de La Meca y mil kilómetros al sur de Madrid, una de las peligrosas capitales de los cristianos. Mi padre decía que con los cristianos, al igual que con las mujeres, los problemas empiezan cuando no se respeta la frontera sagrada o hudud. Yo nací en pleno caos, porque ni los cristianos ni las mujeres respetaban las fronteras. En nuestra misma puerta, podía verse a las mujeres del harén discutiendo y peleándose con Ahmed, el portero, mientras que los ejércitos extranjeros del norte seguían llegando a la ciudad. En realidad, los extranjeros estaban al final mismo de nuestra calle, que quedaba exactamente entre la ciudad antigua y la Ville Nouvelle, una ciudad nueva que estaban construyendo para sí mismos. Por alguna razón, decía mi padre, cuando Alá creó el mundo separó a los hombres de las mujeres y colocó un mar entre musulmanes y cristianos. Existe armonía cuando cada grupo respeta los límites de los demás; la transgresión sólo causa pena y desdicha. Pero las mujeres soñaban con ella continuamente. Su obsesión era el mundo del otro lado del umbral. Fantaseaban durante todo el día con pasear por calles desconocidas, en tanto que los cristianos seguían cruzando el mar, trayendo consigo la muerte y el caos.
(Fátima Merniss, Sueños en el umbral)

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