miércoles, 19 de abril de 2017

George Manington

Era un espectáculo pintoresco y conmovedor ver a uno de esos mercenarios barbudos, pasando de camilla en camilla mostrando sus esfuerzos por reprimir su impaciencia y su torpeza, mientras ponía una manta sobre un enfermo tembloroso, cambiaba el paño húmedo de otro, que había entrado en el sudor benéfico que denotaba la terminación de un ataque, o calmando, con una voz que trataba de suavizar, los devaríos de un amigo delirante, quedándose siempre para cambiar cada pocos minutos los paños húmedos de la frente ardiente del enfermo. Con qué delicada atención los más débiles eran puestos en posición sentada, y con paciencia, con chistes alegres, aunque quizás torpes, estos enfermeros autodenominados animaban a sus pacientes a beber el vaso de leche que repondría sus menguadas fuerzas o el líquido caliente que provoca el sudor salvador, "Allans! Mon vieux ¡Todavía no has muerto! ¡No ha crecido todavía el árbol con que se hará tu traje de pino. ¡Valor! Toma esto, y mañana te sentirás tan bien que querrás ir de guardia en el convoy, para ver esa pequeña morena que te guiñó el ojo la última vez que estuvimos en Bac-Le. ¡Perro astuto! ¡Va!
A menudo me reía de su tosco ingenio, aunque un gran nudo en mi garganta significaba otra clase de sentimiento. Sin embargo, uno puede alegrarse ante la evidencia de la gran cantidad de bondad humana que poseían estos rudos soldados que, aunque oculta hasta ahora, se destacaba magníficamente en este tiempo de desgracia común.
(George Manington. Un soldado de la Legión)
 
George Manington (1866 - ) fue un inglés, estudiante en Francia y Alemania, futuro médico en Paris, soldado en Argelia y Tonquín, comerciante en Indochina, intérprete y periodista en China, y viajero por muchas tierras, incluídas Japón y las Filipinas.
 
 
 
 
 

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