miércoles, 12 de abril de 2017

Fredric Brown

Henry Blodgett consultó su reloj de pulsera y vio que eran las dos de la madrugada. Desesperado, cerró de golpe el libro de texto que estaba estudiando y dejó caer su cabeza entre los brazos, que tenía extendidos sobre la mesa. Sabía que no conseguiría pasar los exámenes del día siguiente; cuanto más estudiaba Geometría, menos la entendía. En general, las Ciencias Exactas siempre le habían resultado difíciles, pero entonces se dio cuenta que le sería totalmente imposible aprender Geometría.Pero reprobar aquella asignatura significaba el fin de sus estudios; ya había reprobado otras tres asignaturas durante sus dos primeros semestres y otra reprobación en aquel año significaría, según el reglamento de la Universidad, la expulsión irrevocable.
Además, deseaba ardientemente poseer la licenciatura, pues le era indispensable para la carrera que había elegido y que constituía la meta de sus aspiraciones. Pero entonces, sólo un milagro podría salvarlo. Se incorporó súbitamente, asaltado por una idea. ¿Por qué no apelaba a las artes mágicas? Las ciencias ocultas siempre le habían atraído. Poseía libros sobre aquella materia y había leído y releído las sencillas instrucciones para conjurar al diablo y hacerle obedecer a nuestra voluntad. Hasta entonces, había pensado que aquella operación era un poco arriesgada y nunca la había intentado. Pero en aquellos momentos se encontraba en un verdadero apuro que, sin duda, bien valía la pena correr aquel riesgo insignificante.
Únicamente gracias a la magia negra podría convertirse de pronto en un experto en una disciplina que siempre le había resultado muy difícil.
Se apresuró en tomar del estante el mejor tratado de magia negra que poseía, buscó la página correspondiente y refrescó su memoria acerca de las cuatro cosas que tenía que hacer.
Muy animado, despejó el centro de la pieza arrimando los muebles hacia las paredes. Luego, dibujó con tiza sobre la alfombra la figura del pantaclo y se colocó dentro de ella. Acto seguido, recitó las palabras para conjurar al diablo.
Éste era mucho más horrible de lo que él temía. Pero se armó de coraje y comenzó a exponerle el aprieto en que se hallaba.
—La Geometría siempre ha sido mi punto débil... —comenzó a decir.
—No hace falta que me lo digas —dijo el horrendo espíritu, seguido de una carcajada demoníaca.
Arrojando llamas por la boca, fue en su busca trasponiendo las líneas del inútil hexágono que Henry había dibujado por equivocación, en lugar del protector pentágono.

(Fredric Brown, Naturalmente)


Fredric Brown (29 de octubre de 1906 – 11 de marzo de 1972) fue un escritor estadounidense de ciencia ficción y misterio, famoso por su uso del humor y su maestría en el cuento corto.

1 comentario:

  1. muchas veces me habría venido bien contar con esas artes de magia. Abrazos

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