domingo, 9 de abril de 2017

Angel Wagenstein



¿Acaso alguien en la Tierra, en el Infierno o en los Cielos, podía saber que el destino se mostraría tan generoso con nosotros dos, que en vez de encontrarnos en las cámaras de gas o en el edén de los judíos nos veríamos de nuevo —¿te acuerdas qué alegría?— en el gulag, allá, en el quinto pino, en alguna parte de Kazajstán? Pero tú, ZEK 1040-260 P, siendo prisionero político, debías ir a la izquierda, a las excavaciones del canal Stalin del Báltico, mientras que yo, el ZEK 003-476 B, prisionero de guerra y traidor a la patria, acababa de regresar del corazón mismo del archipiélago donde había estado de intérprete de los rehenes de alta alcurnia —barones, mariscales de campo, y toda clase de portadores de la Cruz de Hierro con sus respectivas Hojas de Roble— quienes, debido a sus esfuerzos en común y a su erudición exquisita habían conseguido perder —¡gracias a Dios!— aquella guerra también. Para mí, el judío insignificante, un simple soldado raso del ejército austrohúngaro y, más tarde, humilde trabajador soviético, empleado de la Cooperativa Textil N° 6 que no era otra cosa que el taller de mi padre Mode Parisienne, ¿lo recuerdas?, digo, pues, que para mí era un alto honor servir a aquellos caballeros de las Cruces de Hierro con sus Hojas de Roble. Éstos no tardaron en enterarse de que yo era un simple soldado de a pie y me obligaban a sacar brillo a sus zapatos y llevarles escudillas de infusiones grasientas, pero jamás supieron que me escondía detrás de las barracas y meaba en su té. Incluso una vez el barón Von Rodenburg —a quien, seguro recordarás, los rusos lo pillaron en los baños de la estación de trenes de Leipzig, disfrazado de sirvienta, tratando de colarse donde los americanos— comentó que aquel día el té tenía un sabor algo raro. Murmuré que la noche anterior habíamos comido nabo. Él preguntó con soberbia qué relación podía existir entre el té y el nabo y me permití señalar que entre todos los fenómenos de la naturaleza, señor barón, existen misteriosos lazos metafísicos. El barón me miró por su monóculo y dijo: «¡Judío, filósofo de pacotilla!». 
(Angel Wagenstein, El Pentateuco de Isaac)


Angel Raymond Wagenstein (17 October 1922) es un director de cine y escritor búlgaro

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