miércoles, 26 de abril de 2017

26 de abril - Isidoro

Isidoro Marín Garés (14 de julio de 1863 – 1926) fue un pintor, ceramista y restaurador español. Se formó en la Escuela de Bellas Artes de Granada junto a Julián Sanz del Valle y Eduardo García Guerra. Su obra es de carácter costumbrista y paisajista de estética impresionista, con rasgos del modernismo y reminiscencias del realismo pictórico. Destacó sobre todo como acuarelista.
Isidoro Marín Garés, El trato



Isidoro Loi (1940) es un autor chileno. Es autor de los libros La mujer, El matrimonio, Padres e hijos, Que Dios se lo pague, Hombres y El cuerpo y sus miembros, obras en que Isidoro Loi recoge costumbres, leyes, anécdotas y aforismos, con gran humor e ironía. También publicó Las columnas de don Isidoro, que reúne sus artículos periodísticos aparecidos en diarios y revistas de Chile, Ecuador, España y México.

Hay libros que se callan, que no quieren provovcar malestar en una cultura establecida, que tiene temor a ofender. Para leer a Loi solo hay que tener gran sentido del humor, aunque ha logrado, a veces, provocar más de un malestar. Ahora nos entrega este irreverente pero divertido "Que Dios se lo pague". Para dar una idea de su contenido, que no es otra cosa que un conjunto de epigramas, consejos, aforismos y dichos recopilados por Loi, aquí va la presentación: "Tía May rechazaba la Biblia porque decía que el personaje central era poco creíble".


Isidoro Montemayor es el protagonista de las novelas de Alfonso Mateo-Sagasta Ladrones de tinta, El gabinete de las maravillas y El reino de los hombres sin amor. Don Isidoro es el secretario de la condesa de Cameros.

Medinilla se volvió, balbuceó una excusa a sus acompañantes y saltó del estribo. Por entonces yo ya me había dado cuenta de lo improcedente de mi conducta, y para enmendarla me descubrí, miré al suelo y esperé a que Medinilla hiciera las debidas presentaciones. Mi actitud les debió de parecer lo suficientemente sumisa como para pasar por alto el atrevimiento.
—Condesa, don Alonso, permítanme presentarles a Isidoro Montemayor. Isidoro, la condesa de Cameros y don Alonso de Contreras.
Extendí el brazo con el sombrero en la mano e hice una profunda reverencia. Reconozco que me molestó un poco el que me apeara el «don», me sonó a castigo por mi falta de tacto, y como tal lo acepté. De todos modos no tenía derecho a usarlo, aún no era caballero, aunque es un tratamiento que en los últimos tiempos se concede a cualquiera por mera cortesía. Ya no es raro ver llevar el «don» a muchos nacidos entre terrones, milagros que obra el oro.(Alfonso Mateo-Sagasta, Ladrones de tinta)

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