viernes, 21 de abril de 2017

21 de abril - Anselmo

Anselmo Guinea y Ugalde (1854 – 1906) fue un pintor español nacido en Bilbao. Estudió en Madrid en el atller de Federico de Madrazo. Estudió también en Paris, en la Academia Gerveix, completando su formación en Roma. De regreso a su tierra natal, trabajó en la Escuela de Artes y Oficios hasta su muerte.

















Anselmo Raguileo Lincopil (3 de mayo de 1922 - 29 de febrero de 1992) fue un lingüista, investigador y poeta mapuche, conocido por desarrollar un sistema de escritura para la lengua mapuche o mapudungun, llamado «Grafemario mapuche» o «Alfabeto Raguileo».


¿Dónde están los empinados robles,
los sombríos laureles y los retorcidos olivillos,
testigos milenarios
de esta fecunda tierra?
¿Dónde están los poderosos ulmenes,
los soberbios caciques
y los bravos toquis,
señores de la elocuencia,
de la astucia y el coraje?  
(Anselmo Raguileo, Araucanía)     


El marqués Anselmo es el protagonista del relato satírico escrito por Julio Verne en su juventud, El matrimonio del señor Anselmo de los Tilos.
Anselmo de los Tilos es el último descendiente de una vieja familia de marqueses inútiles, quien además de haber heredado la riqueza económica y la personalidad de sus antepasados, posee una fealdad inexpresable, que no le permite hallar esposa. Pero necesita casarse para salvar a la estirpe de los Tilos de su inminente extinción.
 
El marqués Anselmo de los Tilos había llegado, en 1842, después de haber pasado mucho más allá de la edad de la razón y de la pubertad, a los veintisete años. ¡Es esta la época ultramontana de la existencia en la cual los adolescentes terminan con las locuras de una aprovechada juventud, a menos que no las comiencen! ¡Feliz período de la vida, donde se puede hacer aquello que, en un lenguaje enérgico y paternal, se conoce como tonterías!
Para abreviar, Anselmo de los Tilos representaba un joven de cabello rubio, extendido en las puestas del sol; sus cabellos, en abierta rebelión con las leyes de la geometría capilo-práctica, proponían a los barberos de las ciencias un teorema insoluble, cuyos corolarios osados y erizados lanzaban el terror entre un centenar de muchachas en los alrededores; pero por el contrario, los brazos simiescos, las piernas zancudas, los ojos irreconciliables, una boca adornada en palisandro, las orejas de escolar de primaria, le atribuían al joven marqués un encanto indescriptible, un atractivo inexpresable. 
(Julio Verne, El matrimonio del marqués de los Tilos)


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