jueves, 13 de abril de 2017

13 de abril - Martín

Martin Aagard (13 de octubre de 1863 - 1913) fue un pintor noruego de marinas. Estudió en la Escuela Técnica de Trondheim y en la Real Escuela de Dibujo de Oslo. Estudió con Harriet Backer y Knud Bergslien.
Varias de sus pinturas fueron realizadas en grandes dimensiones, al óleo y en tela.

Martín Aagard, Nave con fondo de rocas

Martín Lutero (10 de noviembre de 1483 - 18 de febrero 1546) fue un sacerdote, monje y profesor de teología alemán. Lutero rechazaba varias de las enseñanzas y prácticas de la Iglesia Católica Romana en lo que respecta al verdadero valos de las Indulgencias, debido a lo cual elaboró un documento conocido como las "Noventa y cinco tesis" en 1517. Su renuncia a retractarse de sus ideas lo llevó a la excomunión, lo que al final resultó en un gran cisma de la iglesia. La Reforma resultante realmente revolucionó la religión cristiana.

Martín Lutero hace públicas sus 95 tesis
 Disputación acerca de la determinación del valor de las indulgencias por amor a la verdad y en el afán de sacarla a luz, se discutirán en Wittenberg las siguientes proposiciones bajo la presidencia del R. P. Martín Lutero, Maestro en Artes y en Sagrada Escritura y Profesor Ordinario de esta última disciplina en esa localidad. Por tal razón, ruega que los que no puedan estar presentes y debatir oralmente con nosotros, lo hagan, aunque ausentes, por escrito. En el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén.
(Llamado a discutir acerca del problema de las Indulgencias)


Martín Rivas es el protagonista de la novela del mismo nombre del escritor chileno Alberto Blest Gana. Martín es un joven provinciano que viaja a Santiago a estudiar Leyes. Es un joven sencillo al que la soledad vuelve melancólico. Acogido en la casa de don Dámaso Encina, un antiguo socio de su padre, conoce a su hija Leonor, joven orgullosa y altanera.

Ilustración de Mario Igor para Martín Rivas
El modo como aquel joven se acercó a un criado que se balanceaba, mirándole, apoyado en el umbral de una puerta que daba al primer patio, manifestaba también la timidez del que penetra en un lugar desconocido y recela de la acogida que le espera.
Cuando el provinciano se halló bastante cerca del criado, que continuaba observándole, se detuvo e hizo un saludo, al que el otro contestó con aire protector, inspirado tal vez por la triste catadura del joven.
—¿Será ésta la casa del señor don Dámaso Encina? —preguntó éste con voz en la que parecía reprimirse apenas el disgusto que aquel saludo insolente pareció causarle.
—Aquí es —contestó el criado.
—¿Podría usted decirle que un caballero desea hablar con él?
A la palabra caballero, el criado pareció rechazar una sonrisa burlona que se dibujaba en sus labios.
—¿Y cómo se llama usted? —preguntó con voz seca.
—Martín Rivas —contestó el provinciano, tratando de dominar su impaciencia, que no dejó por esto de reflejarse en sus ojos.
 (Alberto Blest Gana, Martín Rivas)

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