miércoles, 1 de marzo de 2017

Wilkie Collins

Durante un año llevé una vida alegre y divertida entre la sociedad más despreocupada de Londres. Tras ese período varios tenderos y comerciantes me enviaron sus cuentas sin que yo se las hubiera solicitado. Me encontré en la inconveniente situación de no tener con qué pagarles, y así se los hice saber a todo ellos con esa franqueza que es una de mis escasas buenas cualidades. Recibieron mis propuestas de negociación con una descortesía rayana en la crueldad, y me trataron con una desconfianza y falta de consideración que tal vez podré perdonar, pero no olvidar.
Cierto día, un desconocido, muy poco aseado por cierto, me tocó en el hombro y me mostró un pedacito de papel bastante mugriento, que al principio pensé que era su tarjeta; pero antes de que pudiese decirle una palabra, dos personas extrañas, más desaliñadas todavía, si cabe, me obligaron a entrar en un carruaje de alquiler. Y antes también de que pudiera explicarles que ese modo de proceder era una vulneración de las libertades de un súbdito inglés, me encontré entre las cuatro paredes de una cárcel.

(Wilkie Collins, Vida de un bribón)

2 comentarios:

  1. Crítico con las normas, rebelde y optimista personaje. El sentido del humor ya se aprecia en este párrafo. Un abrazo

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    1. ¿No has leído a Wilkie Collins? es muy bueno.

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