viernes, 13 de enero de 2017

Memorias del Sargento Bourgogne (2)



 

De esta manera intentábamos llegar a algún pueblo donde pudiéramos encontrar a los habitantes más hospitalarios. Más o menos a un tiro de fusil, vimos una casa un poco más atrás de la carretera. Nos decidimos a forzar un alojamiento, si no nos recibían con buena voluntad. Sin embargo, el campesino nos dijo que nos alojaría con placer; Pero que si lo sabían los aldeanos, tendría problemas por habernos dado refugio. Si nadie nos había visto entrar, se arriesgaría a recibirnos. Le aseguramos que nadie nos había visto, que podía recibirnos sin ningún temor, y que antes de irnos le daríamos dos táleros. Parecía muy complacido, y su esposa aún más, y nos establecimos alrededor de la estufa. Mientras el hombre estaba fuera, dejando nuestro caballo en el establo, la mujer se acercó a nosotros y nos dijo en voz baja, y todo el tiempo mirando para ver si su marido venía, que los del pueblo estaban mal dispuestos hacia los franceses por la siguiente razón: cuando el ejército pasó en mayo, algunos cazadores de la guardia habían estado acantonados durante quince días en el pueblo; Y uno de ellos, alojado en la casa del burgomaestre, era tan joven y guapo que todas las mujeres y muchachas acudían a sus puertas para verlo. Era intendente. Sucedió un día que el burgomaestre lo encontró abrazando y besando a su esposa, con el resultado que la señora se ganó unos golpes. El intendente, a su vez, golpeó al burgomaestre. La señora está ahora en cierta condición, y la culpa se atribuye al intendente. Todos escuchamos y sonreímos por el modo en que la mujer relataba la historia. -Eso no es todo -continuó-. Hay otras tres mujeres en la aldea en las mismas condiciones que la esposa del burgomaestre, y es por eso que ellos no soportan a los franceses, y con lo guapos que son. Apenas había terminado de hablar cuando el veterano se levantó y, tomándola del cuello, la besó. "¡Cuidado, que viene mi marido!" dijo ella.
(Adrien Bourgogne, Memorias del sargento Bourgogne)

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